
DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2015
CIENCIA DIVERTIDA
Para cada día
Por: Yaqueline Tello Ayala
Lecturas devocionales para niños 2015
Experimenta:
¿Cómo pasas la noche? ¿Duermes bien?¿Tu cuerpo descansa lo suficiente
como para empezar bien el día y hacer tus labores escolares y de casa?
Si fueras
astronauta y te enviaran a una misión al espacio, seguramente
extrañarías tu cama a la hora de ir a dormir. Algunos astronautas tienen
que dormir dentro de un saco especial y sujetar su cuerpo con
cinturones de seguridad muy “cómodos”, que simulan una cama normal, para
no salir flotando por la nave mientras duermen profundamente.
¿En qué
posición te gusta dormir? ¿Boca abajo, boca arriba, del lado derecho,
del izquierdo, te enrollas? En el espacio, la posición es lo que menos
importa ya que, debido a la falta de gravedad, es un poco difícil
quedarse en una sola posición sin moverse. Al flotar hasta puedes
golpearte con algo.
En cuanto
a la luz, ¿te gusta que enciendan y apaguen la luz mientras duermes? A
la mayoría nos molesta, ¿verdad? Interrumpe nuestro sueño y no
descansamos. Es otro asunto con el que deben lidiar los astronautas,
sobre todo cuando la nave da vueltas continuas alrededor de la Tierra y
amanece y anochece cada hora y media. No hay oscuridad completa o tiempo
como para dormir ocho horas de principio a fin.
Queda muy
claro que al espacio debes ir a aprovechar el tiempo, no precisamente a
dormir. A pesar de las circunstancias, los astronautas deben dormir si
quieren hacer bien su trabajo. La mayoría, según dicen, duermen
confiadamente, vencidos por el cansancio.
En la
Biblia, hay un consejo muy bueno para quienes tienen ganas de dormir
bien bajo cualquier circunstancia: confía en el Señor Jesús; acuéstate y
dormirás en paz, descansarás lo suficiente como para levantarte al otro
día, fuerte para realizar lo que Jesús tenga preparado para ti. Es
sencillo: confía en Jesús al acostarte cada noche y dormirás
placenteramente.
“Yo me acuesto tranquilo y me duermo en seguida, pues tú, Señor, me haces vivir condado” (Salmo 4:8).
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